En mi propia piel

Cumplir los 18 es un gran momento para cualquiera. Dejas atrás esa incómoda edad adolescente, y todos te dicen que ya estás cerca de la adultez; aunque tú vas a ser un adulto chévere y jovial que no paga recibos y todavía cita a Los Simpson. Y (si eres como yo) hasta ahora vas a salir del colegio, a llorar con todos tus amigos de grado, hablar sobre emborracharse, discutir sobre cual universidad vas a entrar, o cómo evadir el servicio militar. El jodido servicio militar.

¿Ya les dije que esto se trata del servicio militar?

Si eres un varón nacido en Colombia el coco de tu juventud es el servicio militar.

Según la ley de mil novecientos noventa y algo, título…, capítulo (?), artículo bla, bla, bla: todo varón colombiano está obligado a definir situación militar a partir de la fecha en que cumpla su mayoría de edad, a excepción de los estudiantes de bachillerato, quienes definirán cuando obtengan su título de bachiller.

Los militares no demoran enridisurdo aparecer en las aulas del último grado de todo colegio público (como el mío) para poder oler la carne fresca. No te sueltan ningún discurso sobre lo honorable y glorioso que es prestar el servicio porque es irrisorio (ridisurdo, ¿capichi? Ridisurdo) creerse tal cosa. En fin es obligatorio (o eso nos decían en mi época), y te daban la primera cita para definir tu situación militar.

Lo primero es inscribirse en uno de los distritos militares y es ahí cuando el asunto se torna real y el miedo se materializa. Ves a toda esa prole con sus trajes de camuflaje, comportándose serios y toscos; cada uno de ellos ineptos a la hora de tramitar papeleo. Ves a los tipos duros, los jefes, los capitanes o generales o comandante (qué se yo), dándoselas de los muy severos. Te encuentras con los ojos asustadizos, taciturnos y expectantes de los otros muchachos que están allí acompañados de su mami (así como tú), sosteniendo con ambas manos su sobre de manila, sus cuatro foticos fondo azul, siendo muy consciente de cuán largo tienen el pelo. Tú intentas permanecer tranquilo porque tu mami aseguró conocer a alguien en la milicia que te ayudará a sacar la libreta militar rápido y sin jaleo.

servicio militarPor supuesto que no falta el soldado que pasa junto a ti, quien por dárselas de tremendo te señala y le dice al resto “a este se lo llevan”. Y tú te quedas sentado proyectando cara de imbécil, pensando en ese inevitable futuro usando tus botas negras y tu nuevo corte al ras.

“Primero me disparo en un pie antes de presentar el servicio militar” le dices a tu mamá. Ella agita la mano limpiando el aire entre los dos y dice “No te preocupes que el capitán Fulanito Detal no va a permitir que se me lo lleven”.

Después de eso viene el examen médico. ¡Ja! Y esa es toda una ganga porque viene con tacto testicular incluido.

Para dicho examen tuve que ir a un centro deportivo en el norte de Bogotá. Por supuesto que no llevé a mi madre esta vez, ya sería suficiente con la docena de personas viéndome empeloto. No necesitaba a mi mamá haciéndome barra a lo lejos.

servicio militar2.1Fui de traje, camisa, corbata y todo el asunto, lo que en realidad no importaba porquenos pidieron que nos quitáramos toda la ropa a excepción de los calzones. Éramos como unos cien muchachos aquella mañana, todos cohibidos y algo nerviosos, con las manos sutilmente posicionadas sobre la pelvis. Había una fila de chicos en ropa interior que se extendía hasta la improvisada área de examinación, la cual consistía de una cortina que nos dividía de los doctores y un grupo de cinco muchachos a los que examinaban a la vez.

Allí me encontré con dos de mis compañeros de clase. Llamémoslos Pedro y Pablo. Así que Pedro y Pablo también habían ido de traje, corbata y todo el asunto, y todos nos desvestimos y dejamos nuestra ropa en las gradas, donde un profesor nuestro las cuidaba. Y nos encaminamos los tres, en calzones, a esperar en la fila.

Es la peor fila de la que uno pueda hacer parte.

Se me vino a la mente esa escena de película donde obligan a los prisioneros de guerra a ser conejillos de indias en sus macabros experimentos. Los presos se forman y avanzan como zombis, enjutos y quebrados, mientras los maléficos médicos les van inyectando alguna infección en el brazo. Y todos nos morimos al final…. Digo, todos se mueren al final.

servicio vde vendettaEn fin que estamos haciendo la fila, luciendo el mejor par de calzoncillos que pudimos encontrar esa madrugada, y haciendo chistes para romper la tensión. Vemos al comienzo de la fila el siguiente grupo de cinco chicos cruzar la cortina. No vemos qué ocurre allí dentro, pero lo sabemos.

“¿Es una mujer la que te toca allí abajo?” pregunta Pedro.

“Sólo vi doctoras”

“Eso es mejor que nada”

Todavía no puedo asimilar el hecho que en unos minutos me van a pedir que me baje los calzones frente a extraños y compañeros, y deba permanecer quieto mientras alguien me palpa los testículos. Si alguna vez había fantaseado con algo así, esperaba que fuera en circunstancias muy diferentes.

“¿Y qué?” pregunta Pablo “¿Te tocan las bolas sin más? ¿Ni un besito ni nada?”

Todos nos reímos nerviosos.

No puedo dejar de mirarnos y serviciodarme cuenta lo absurdo que es todo esto. Estamos temblando ya sea por el miedo o el frío, frotándonos la piel de gallina, exponiendo nuestro ridículo y parcial vello pectoral de niñato semi-crecido. Ninguno de nosotros pidió esto. No queremos pasar esta prueba. Todos la queremos perder. Todos queremos ser rechazados. Estamos deseando que nos encuentren algún defecto físico y nos dejen ir a casa.

“Tengo el pie plano” asegura Pedro “¿Eso es suficiente?”

La fila sigue avanzando y muy pronto nos va a tocar cruzar la cortina y exponer nuestra intimidad, a la fuerza. Por algo se llama servicio militar obligatorio.

“Si vamos a ser héroes de la patria, una caricia no sería pedir mucho” insiste Pablo.

“¿Y qué tal que uno se emocione en el momento?” pregunta Pedro y espera a que alguien le responda pero nadie sabe qué decir. “Ya saben, uno no controla el cuerpo, cuando se pone tensa la situación se pone tensa y ya”

“Si se pone precioso el asunto, te pegan con una regla” dice Pablo.

“Dudo mucho que pueda pasar” les digo “si algo, se va a contraer hasta esconderse todo lo que puede”

Así es como terminamos hablando de nuestros miembros (es ineludible usar eufemismos). Nos vamos a ver desnudos en unos instantes, tenemos que asimilarlo.

servicr“Tienen que saber algo” dice Pedro “Está haciendo frío y soy bastante peludo ahí abajo. Es como un nido, una jungla, así que no esperen ver mucho”

“Está helando”

Es vergonzoso. Nos estamos disculpando por no tener penes enormes. ¿Esto es lo que espera nuestro gobierno de nosotros al ponernos en esta situación? Acabamos de salir de la pubertad, no necesitamos que nos llenen de más inseguridad por nuestros cuerpos.

“Hagamos un trato. Nadie va a ver nada, mirada arriba en todo momento”

Entre sonrisas y chascarrillos asentimos. Estamos de acuerdo. Es una idea brillante.

“La curiosidad mató al gato”

“Nada de echar un ojito, nada de accidentes”

Yo asiento. En fin ya no podría sentirme más avergonzado. Me siento flacucho y endeble. Pálido y pequeño. Mis compañeros son más altos que yo y algo más rellenitos. Pero puedo ver que no se sienten mejor que yo. Todos aquí somos iguales.

Nuestro turno llega y cruzamos la cortina azul hacia el área de examinación. Hay tres doctoras y dos doctores. Todos llevan guantes de látex, bata blanca y demás. Nos piden permanecer en fila y una de las doctoras se me acerca. Me toca los brazos, escrutándome con frialdad. Me palpa la piel de la espalda y dice algo para sí misma. No se demora más de lo que debe. Luego afirma que mi espalda es un desastre y que no podría cargar el equipo militar. Dice que no soy apto para el servicio militar, me dice que ya puedo retirarme y colocarme mi ropa.

Nada de desnudez. Nada de palpar mis bolas. Era libre. La alegría se rebozó en mi cuerpo como le ocurrió a Tim Robbins celebrando bajo la lluvia al escapar de Shawshank.

shawshank2Nataly Portman no lo hizo nada mal, tampoco.

servcryA mí me tocó celebrar sin lluvia, pero tenía la misma expresión de felicidad total. La vida no podía ser mejor en aquel momento.

Salí corriendo hacia las gradas, y con una sonrisa en el rostro le comenté a mi profesor que tenía la espalda un desastre y que no era apto para el servicio militar. Tener una postura de mierda tenía su lado positivo después de todo.

El proceso para obtener mi tarjeta militar fue una pesadilla (pero siempre lo es). Como lo mencioné antes, los soldados son unos inútiles cuando se trata de lidiar con papeleo. Fui citado unas veinte veces en vano, y todo el proceso se retrasó meses a pesar de que hice todo lo que me pidieron a tiempo. Por un par de semanas el distrito militar número 1 fue mi segundo hogar. Iba a hacer fila por una hora sólo para que me dijeran que podía pasarme al día siguiente a ver si ya tenían lista la infeliz libreta. Quizá es el castigo impuesto a aquellos chicos que no son reclutados, sino que entran a una universidad a no dispararle a nadie.

Quisiera decir que todo lo demás transcurrió con normalidad y honestidad, pero nunca nada es tan fácil con estos uniformados. Los miserables militares me detuvieron una vez en el Portal Norte en uno de sus reclutamientos clandestinos. Yo había perdido mi carnet universitario y todavía no había recibido mi libreta militar debido a la demora del distrito militar. A los reclutas no tuvieron oídos para excusas. Me tomaron (como si fuese un prisionero) y me metieron en la parte trasera de un camión por doce horas con las otras víctimas, sin comida ni agua. Iban a reclutarme y a enviarme a otra ciudad. Les dije que ya había tomado el examen médico, no era apto. Les dije que  tenía la espalda jodida.

servc3“Todos dicen eso” aseguró un soldado.

“Soy estudiante universitario” dije “de la Universidad Nacional de Colombia”.

 “Sin carnet no es nada”.

Todo esto se dio mientras se discutía en los medios de comunicación sobre la falta de ética en la fuerza militar al tomar a los muchachos de las calles a la fuerza y enviarlos a diferentes pueblos para prestar el servicio. “Es un secuestro” exclamaba la comunidad. Por su parte, las fuerzas militares negaban actuar de dicho modo. “Existe un protocolo de reclutamiento que seguimos al pie de la letra”.

Ya puedo reírme de lo ridisurdo que suenan los militares hablando sobre protocolo. En fin, yo sólo estuve medio día atrapado en ese camión. Mis compañeros de cautiverio no corrieron con la misma suerte. Pero eso ya es una historia para otro día.

Han de saber que obtuve mi libreta militar después de todo. Y para ser honestos ni siquiera sé qué significa tenerla. ¿Si hay alguna guerra van a mandarme a morir con el enemigo? ¿Van a darme un arma y a confiar que haga lo correcto al halar del gatillo? Teniendo en cuenta la historia de nuestra fuerza militar nacional: No.

Pero en fin, como lo dijo un sabio alguna vez, en alguna época, en algún gran lugar,  “primero me disparo en un pie antes de presentar el servicio militar”.

servicio pie

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