Pésimos Villanos: Un Final Perfecto de John Katzenbach

Siempre me han interesado las novelas que deambulan en la mente de un asesino, sobre todo aquellos que son tan particulares que dejan una marca negra en la historia o en la cultura popular haciéndose inmortales, tipo Hannibal Lecter. Terroríficos y fascinantes.  El asesino que Katzenbach nos presenta en su novela Un Final Perfecto no es nada de ello.

La historia nos adentra en la vida de un asesino en sus sesentas con el deseo de dejar un legado memorable antes de morir, por ello envía tres cartas a tres mujeres que no se conocen entre sí para hacerles saber que las va a matar. Así inicia una tortura psicológica que convierte la vida de estas tres mujeres en un infierno, obligándolas a enfrentarse a un homicida experto que se denomina así mismo Lobo Feroz y las bautiza a ellas como sus Caperucitas personales: Pelirroja uno, dos y tres.

La premisa de la novela me llamó la atención por lo que conseguí el libro y le di una oportunidad. Leí un poco más de la mitad hasta que la dejé a un lado dispuesto a olvidarme de ella. La novela no me despertaba el más pequeño interés por continuar a la siguiente página; me parecía lenta, sosa, y en general, aburrida. Sin embargo, fue difícil olvidarme de ella ya que seguía encontrándome el nombre de su autor, John Katzenbach, en las estanterías de las librerías y bibliotecas; y las pocas veces que volvía a encontrarme con una copia de Un Final Perfecto, huía de ella como si fuera la peste. No odiaba al libro, pero había algo que me molestaba mucho de él, algo que tenía que sacar de mi sistema de una vez. Así que lo busqué de entre el olvido, comencé desde el inicio a leerlo y me forcé a terminarlo. No valió la pena.

Opinión (Spoilers)

Entre los diversos aspectos que me disgustaron de la novela hubo uno que sobresalió de los demás, y ese fue el villano: el Lobo Feroz. Se trata de un hombre mayor que tiene la impresión de que su final va a llegar en cualquier momento, y sólo quiere volver a sentir esa emoción que le trae asesinar. Se decide por matar a tres pelirrojas y a escribir una novela narrando los hechos (el Lobo también es un novelista de literatura negra). No tengo problema con que el villano sea viejo, bien creo que Charles Manson será espeluznante incluso en sus noventas, pero la verdad nunca tuve la impresión de que este viejito fuera capaz de llevar a cabo lo que promete una y otra vez hasta el cansancio, página tras página, en el libro. ¿Por qué? Porque nunca hace nada para demostrarlo. Escribe tres cartas amenazadoras y las envía a tres pelirrojas, algo que cualquiera podría hacer. Se sienta en su escritorio y se ríe solo pensando cuan malvado es, mientras escribe la novela narrando la experiencia que va a vivir matando a las mujeres.

Charles Manson

¿Y después qué? ¿Sale a la calle, en la noche, acorrala a una de las pelirrojas? ¿La secuestra y la degolla? ¿Siente la sangre caer por sus dedos y disfruta el momento en silencio? No, no. Se queda en la casa a cenar y hablar con su esposa que no hace más que idolatrar a su marido en sus largos monólogos internos. El Lobo vuelve a su oficina y se pone a escribir sobre matar, y a reírse solo o a golpear el aire. Durante estos momentos, Katzenbach se dedica a hacer comparaciones del viejo asesino con otras profesiones.

 

“Se paró, movió los dedos por encima del teclado del ordenador como un mago al conjurar un hechizo y entonces se inclinó hacia delante para continuar”

“Se sintió a gusto, como si fuera un deportista que acomete la rutina de un entrenamiento”

“Sonrió, en realidad se rio con fuerza, antes de inclinarse de nuevo para proseguir con el trabajo de planificación que tanto le cautivaba. Le parecía que era como un arquitecto”

El Lobo es mucha cháchara y poca acción. Lo voy a decir de una vez: nunca mata a nadie en todo el transcurso de la novela (se menciona que asesinó gente en el pasado pero no lastima a nadie en el tiempo del libro). El 50% que aparece se la pasa en su escritorio riéndose solo, halagándose y redactando sus pensamientos alegóricos sobre la muerte.

Llegué a gritarle al libro “¡Maldita sea, viejo! ¡Párese de una vez y vaya a matar a alguien!” claro que me hubiera conformado que dejara de escribir estupideces.

“Esa mañana, en su despacho, el Lobo Feroz transcribía contento los apuntes de la conferencia. También estaba satisfecho con las llamadas que había hecho.

«A veces el ruido más fuerte que puedes hacer no es en absoluto ruido», escribió.”

Con frecuencia Katzenbach nos dice cualquier pensamiento que se le ocurriera al Lobo sin importar qué tan tonto sea.

“El lobo volvió a sonreír. «Soy un goloso de los desayunos —pensó— y un goloso del matar.»”

Tras leer esa frase me di cuenta que estaba en la mente del asesino más patético, risible y tedioso de la literatura. Bien jugado, Katzenbach, bien jugado. ¿Si te diste cuenta que fue sarcasmo, Katzenbach? ¿Si ves que la gente entiende el sarcasmo sin tener que explicárselo?

“«¿Ir a un bar del barrio y emborracharme? Eso sería muy inteligente.» Percibía su sarcasmo rebotando en su interior.”

“«Hola. Somos las tres pelirrojas. Una de nosotras ya ha simulado su muerte, pero nos encantaría que dejase de decir que nos va a matar, porfa.» El sarcasmo de Jordan llenó la estancia.”

“«…Y además acabaríamos en la cárcel, porque no es en defensa propia, es un asesinato y, que yo sepa, ninguna de nosotras es una asesina consumada.» Su sarcasmo resultaba mucho más suave que la versión adolescente de Jordan.”

“Karen contestó con un sarcasmo nervioso.

—Solo puedo dormir en una cama a la vez.”

No creas a tu lector estúpido, Katzenbach, nosotros podemos entender solitos ciertas cosas. No es un pecado muy grande, pero tanta aclaración es molesta e innecesaria.

En cada página esperaba que el tan temeroso Lobo Feroz fuese a hacer algo impactante, aterrador, pero ese momento nunca llegó. Nunca. Las peores cosas que hace es mirar desde lejos a sus “víctimas”, enviarles esas cartas amenazantes, luego enviarles un link de un video en youtube, y llamarlas por teléfono para no decir nada. Digamos que son acciones aceptables para la novela. Es un tipo de ataque psicológico que hace sentir a las tres mujeres vigiladas y en constante peligro, pero hace falta más acción. Hace falta algo de peligro real en vez de amenazas y cartas y links y llamadas. El libro es un largo preámbulo de un suceso que nunca ocurre; y diría que es bastante decepcionante, pero entre más leía, más me daba cuenta que nada emocionante ocurriría.

John Katzenbach

En vez de actuar como el aterrador Lobo Feroz que se supone que es, se dedica a sus asuntos familiares, va a una conferencia sobre asesinos, entrevista a un policía, y platica con su esposa. No esperen nada más de este asesino. Si les gustan los villanos que ríen solos tras un pensamiento que ellos consideran brillante, quizá les guste esta novela; el Lobo Feroz se la pasa riendo o con ganas de reír, todo el jodido tiempo.

 

“Sonrió y pensó que era la Santísima Trinidad de los asesinos en serie.”

“«¡Soy un asesino!» Más que nada para ver su reacción, pero enseguida contuvo el impulso. «Si supieran lo cerca que me han tenido…» Aquello le hizo reír porque la ironía formaba parte de todo el montaje.”

“Entonces se echó a reír como si acabara de contar el chiste más gracioso, tronchante y escandaloso, se volvió y salió de casa comprobando dos veces que la puerta del despacho estaba cerrada con llave antes de salir.”

“La idea le hizo sonreír. «Estudios Superiores en Asesinatos», imaginó.”

“Hacía muchos años que no hacía ejercicio de verdad, pero sentía cómo le invadía la necesidad de hacerlo. Entonces se rio a carcajadas.”

“Sonrió, pasando por segunda vez con el coche por la calle de Pelirroja Dos. Notaba cómo le aumentaba la frecuencia cardiaca y le sudaban las axilas. Le apetecía reírse a carcajadas.”

“En él, el autor se lamentaba de que pese al reconocimiento como periodista y como escritor, en su opinión no había hecho lo suficiente para dar un significado a su vida. Se rio a carcajadas”

Cada vez que el Lobo se reía o sonreía o se reía a carcajadas de sus propios pensamientos hacía una línea en mi cuaderno para ver cuántas veces lo hacía. Lamentablemente no tenía tanto papel. Pero no crean que ésa sea el único aspecto que se repite en el libro constantemente, ya que a nuestro asesino le parece que todo el espectro de asesinar es… delicioso.

“de repente se sintió embargado por un silencio cálido y delicioso de creación propia.”

“Necesitaba crear algo deliciosamente memorable y que fuera recordado mucho después de que abandonara este mundo y fuera directo al infierno”

“Se vio obligado a recurrir a la fantasía: reconstruyendo imágenes mentales deliciosas de cada una de ellas”

“Aquello era lo que le parecía delicioso: actos y pensamientos, el guiso de la muerte.”

“Más otra observación deliciosa: «El pelo de Pelirroja Tres hace que parezca que está en llamas.»”

“Se fijó en cada una de ellas, como si fuera capaz de hablar con ellas y en su imaginación entabló un diálogo delicioso.”

“Las manos le temblaron ligeramente, estremeciéndose con una deliciosa especie de intriga.”

Heinz Doofenshmirtz

Ahí lo tienen, ése es el asesino, el Lobo Feroz. Entre sus hobbies están: sentarse en su escritorio a escribir, reírse solo, reír a carcajadas, querer reírse a carcajadas, y no matar a nadie. Llegó un punto que mi imagen mental del tal Lobo era similar a la del villano en Phineas y Ferb; el Dr. Doofenshmirtz, patético y humorístico, en dibujos animados y todo.

Con semejante villano tan mediocre no fue difícil para las tres pelirrojas entrar a su casa, amarrarlo y amenazarlo con delatarlo a la policía. El Lobo decide no matarlas y las tres pelirrojas continúan muy felices con sus vidas. Es un final bastante lánguido y anticlimático para una novela titulada en español “Un Final Perfecto”.

Considero que este libro es un muy buen ejemplo de lo que no hay que hacer a la hora de crear un villano. Es más, es un ejemplo de cómo no escribir una novela. Hay demasiados monólogos interiores que repiten la misma información, y describe una y otra vez qué tan ansiosas y aterrorizadas están las tres pelirrojas por el Lobo, el cual sienten que las vigila a todo momento, mientras que el lector sabe que el verdadero Lobo está sentado en su escritorio riéndose solo.

La primera novela que leí de Katzenbach, El Psicoanalista, fue una lectura entretenida, sencilla, aunque no me cautivó como varias otras obras lo han hecho. Probé con otros libros como El Hombre Equivocado, y La Sombra, que no fueron lecturas que me hicieran querer leer más de este autor, aun así fue hasta leer esta historia de Caperucita Roja que decidí dejar de leer a Katzenbach definitivamente.

Katzenbach es sin duda uno de los escritores de thrillers psicológicos más conocidos hoy en día, tiene cientos de seguidores fieles que aplaudirán cualquier obra suya, por lo que no importa que tan pobre sea su historia, o qué tan huecos sean sus personajes, ellos seguirán comprando ejemplares por montones. Bien por él.

Como despedida dejo estos blurbs que muestran varias críticas que combinan con mi opinión respecto a esta horrorosa obra de suspenso psicológico.

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